¿Por qué la inflación es imparable en la Argentina?


Mirá esa tablita, que me contás. Semifinal en el Mundial de Inflación. ¡Argentina! ¡Argentina! ¡Vamos Messi! ¡El Papa Francisco! Después mirás a los demás y son todos países africanos, en guerra, que se la pusieron en la pera y explotaron o son Surinam y nunca ganaron nada. ¿Cuál es nuestra excusa?

Lo primero que hay que tener claro es que la economía no es una ciencia, en el sentido que la física es una ciencia, más allá de que la facultad se llame “ciencias económicas”.[1] Los modelos que producen los economistas, la forma en la que encaran científicamente su campo, sirven para contextos específicos, tiempos específicos y lugares específicos con gente específica. Modelos que predicen muy bien cosas que ya pasaron y no van a pasar nunca más y muy mal cosas que pasan todo el tiempo. Es decir, más cercano al periodismo deportivo que a la ciencia. Las ecuaciones de Maxwell sobre el electromagnetismo sirven para mandar un cohete a la Luna en 1969 y para hacer un celular en 2018. Explicaciones que pretenden servir siempre, todo el tiempo y en todas partes. Si resultan ser imprecisas, hay que revisarlas o descartarlas sin asco. En cambio, si un modelo económico predice que la inflación tendría que ser del 5% y es del 4%, no revisamos una mierda. 1% de margen de error lalalalala la economía es una ciencia. Como la psicología, la economía no contempla una realidad estática, poblada por entes platónicos, pero actúa como si lo hiciera.

Lo segundo que hay que tener en claro es que no sabemos qué es el dinero ni cómo se originó históricamente. Esto sonará muy extraño, dado que el dinero es lo único que nos importa el 80% del tiempo, y hay una facultad entera al respecto. ¿Entonces qué hace esa facultad? Teorías acerca del origen del dinero, y en consecuencia, de las fluctuaciones del valor del mismo a lo largo del tiempo. Esos modelos son importantes porque son los que adopta un gobierno para tomar las medidas que nos arruinan sistemáticamente la vida año tras año. Hay muchos modelos, pero los dominantes en el último siglo y los que nos importan son los dos que, casualmente, adoptaron por turnos los dos últimos gobiernos, fracasando miserablemente[2].

Uno es el keynesiano, donde la inflación se calcula a partir de la diferencia entre la plata que circula y la producción total. Ahí la solución al problema inflacionario es incentivar la producción de más cosas para cerrar la brecha, y al mismo tiempo bloquear ciertos canales de circulación financiera para evitar fugas. A efectos prácticos, la producción desapareció misteriosamente[3], la brecha se amplió y todo el mundo estaba enojado porque no podía comprar giladitas afuera.

Y cuando todo el mundo está enojado, las acciones tomadas dependen de las ideas que estén dando vuelta en ese momento. La idea preponderante es que un Estado es básicamente una empresa o debe serlo, y por lo tanto un empresario exitoso es la persona más adecuada para dirigirlo. Esto es cualquiera por motivos que no vienen al caso[4], pero el sentido común te transforma aunque no creas en él, como un monje del Age.

El otro modelo es el monetarista, de desarrollo cronológicamente posterior, donde lo único que importa es la cantidad de plata que circula. Por lo tanto, para reducir la inflación lo único que hay que hacer es que circule menos plata. Copiando burdamente lo que hizo la administración de Margaret Thatcher en los 80’, el Banco Central subió la tasa de interés con la esperanza de reducir la demanda agregada[5]. Su efecto fue simplemente que la gente que cobra sueldo tuviera menos plata. Yay.

¿Entonces qué está pasando en este país miserable? Vamos a preguntarle a un taxista, a ver que me dice. ¿Por qué no a un economista? Porque la economía no es una ciencia dura como una dictadura, y no puede demostrar analíticamente sus postulados. Entonces dos modelos formales como los que cité en el otro párrafo tienen aproximadamente la misma validez epistemológica que lo que diga yo o mi vecino Pepe, y sería injusto no preguntarle qué piensa de la inflación. Pepe, ¿Hay mucha plata circulando o poca producción? “Son todos chorros, vagos, ignorantes, soretes y chorros de nuevo.” ¿Quién? ¿Cómo? “Videitos.”

¿Qué videitos? Cualquiera de los que fueron, son y serán virales. Muchos para linkear acá, y de cualquier manera ya los viste. La senadora que supuestamente votó sin leer la ley, gente en una protesta que no sabe qué carajo está protestando, Casero gritando algo sobre flan. No importa. Cualquiera que, justamente o sacándolos violentamente de contexto, muestre a tus fellow citizens o gobernantes siendo chorros, vagos, ignorantes, soretes y chorros de nuevo. Vos ves eso y te sentís inteligente por contraste. Cómo te sentís gracioso cuando compartís un meme. ¿Eso es todo? Claro que no, burdo hombre de centeno[6]. Esto no es sobre vos, es sobre la todopoderosa ciencia de la economía.

Según otro modelo informal, al que llamaré Bonete de Aluminio, la economía es una ficción narrativa y entonces hay inflación porque alguien está contando la historia de la inflación. En Argentina, eso es cualquiera que cobre en dólares. Alguien que exporta, por ejemplo. A ese le sirve la inflación. También a los poseedores de deuda. Si debés un millón de pesos, te sirve que esos pesos valgan menos. Comprar en cuotas es adquirir deuda, btw, pero al menos sabés lo que estás comprando. “La solución es clara: los matamos a todos”. Dejá de tocarle la puerta a ese cuartel, vecino, esto es válido para pequeños márgenes inflacionarios, no 40% que es un delirio. Porque especulación hay en todas partes, pero no todas partes explotan más mientras más tratas de arreglarlas.

Keynesiano, monetarista, son todos idiotas, son todos hijos de puta, formal o informal, el problema de estos modelos no es que están necesariamente equivocados, si no que necesariamente están incompletos. Si mirás lo que puse más arriba, tanto el keynesianista como el monetarista concuerdan en que el suministro de dinero es un factor en la inflación. La diferencia es que el keynesianista piensa que el dinero está atado a algo real, a la producción de bienes, y el otro no. Cada uno explica cachitos de inflación, pero hay otro que explica un poco mejor por qué nos resulta incontrolable, y tiene que ver con lo que se llama Teoría Estatal del Dinero. Antes dije que no sabemos exactamente cómo nació el dinero. Si fue para facilitar inconvenientes de trueque, o como crédito entre particulares, para representar deuda. La Teoría Estatal de Jorge Federico[7] Knapp dice que el dinero nació como un intento estatal de dirigir la actividad económica. Y el valor de ese dinero depende de que la entidad que lo emite sea poderosa y confiable. Mirá el Top 10 de países con inflación re loca. ¿Cuántos son poderosos y confiables? Por eso prefiero invertir en oro del WoW que en franco congoleño.

En Argentina, nadie en su sano juicio confía en el gobierno. Es como confiar en la policía. Te roban, te matan y te tiran desde un avión al Río de la Plata, no necesariamente en ese orden. La forma en que el Estado Argentino tradicionalmente trató de inspirar confianza, tanto en inversores extranjeros como en su población, es mediante la acumulación de reservas, ya sea con un estricto cepo cambiario o pidiendo plata prestada. Porque como todos sabemos, la gente más confiable de todas es la que más plata debe. El problema con esto es que si instaurás la idea de que el peso vale porque en alguna fortaleza llena de guardias y un perro de tres cabezas y un dragón hay una pila de oro o dólares que lo respaldan, nadie va a querer pesos. Van a querer dólares y oro, no su proxy. Mucho más si no se puede confiar en los guardias porque son chorros, vagos, ignorantes, soretes y chorros de nuevo. Y potencialmente alcohólicos.

Como sabe cualquier amaestrador de osos, la confianza toma tiempo. Requiere muestras progresivas de honestidad y cumplimiento de promesas, de formas mucho más rigurosas y lentas que las que parecen ser viables electoralmente. Las únicas personas que tratan de ganarse tu confianza muy rápido son los estafadores. Y si el historial de estafas es tan largo como el del Estado Argentino, todo lo que hacen resulta automáticamente sospechoso, aunque sea realmente honesto y bienintencionado. Que no tenés motivos para pensar que lo sea. La trampa es la orden del día, y la reglas no te castigan demasiado por ello. Se tolera. Más que tolerarse, se honra a los que son buenos en ella. Funcionar económicamente es en gran parte aprender a defenderte contra la gente que te quiere cagar, que parece que es todo el mundo. Desde el carnicero que te quiere enchufar medio kilo más a lo que le pediste al landlord que subdivide un departamento para poder cobrar más alquileres. Pero estaba hablando de economía, no de prédica moral. Digamos sigloveintiunamente que necesitamos un incentivo económico para comportarnos moralmente, como la petrolera que cuida el medioambiente de Papúa para que los noruegos con conciencia ecológica la dejen operar en Noruega. O la maderera que planta dos árboles por cada uno que tala porque descubrió que así vendía más y hasta podía cobrar más caro.

Casualmente, las circunstancias particulares en Argentina permitirían al gobierno una forma de empezar a generar ese incentivo económico-moral sin grandes sacrificios, y tienen que ver con la economía en negro y los impuestos. Emocionante. Pero esta gilada ya es lo suficientemente larga, y mi solución mágica[8] quedará para la semana que viene!

[1] Por cierto, no tengo ningún título de esa facultad, y solamente la pisé para rendir alguna cosa del CBC. Si eso es un impedimento para que me creas o no más allá de lo que pueda llegar a decir, podes dejar de leer y volver a tu cada vez más depravada pornografía. Serás más feliz.
[2] Spoilers.
[3] O NO TAN MISTERIOSAMENTE. Foreshadow.
[4] En realidad vienen mucho al caso, pero estoy escribiendo sobre otra cosa.
[5] Y de paso subir el desempleo a un nivel accesible para el capital. Oh, hi Marx.
[6] Straw-man. Hombre de Paja sonaba feo. No me importa si no tiene sentido con centeno.
[7] Mi profesor favorito traducía todos los nombres. Culpalo a él.
[8] Obvio que tengo una de esas.

3 comentarios en «¿Por qué la inflación es imparable en la Argentina?»

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