{"id":265,"date":"2019-06-13T13:50:45","date_gmt":"2019-06-13T16:50:45","guid":{"rendered":"https:\/\/stackdamage.com.ar\/?p=265"},"modified":"2019-06-19T08:16:43","modified_gmt":"2019-06-19T11:16:43","slug":"el-peso-de-los-caidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/stackdamage.com.ar\/?p=265","title":{"rendered":"El peso de los ca\u00eddos"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" width=\"762\" height=\"428\" src=\"https:\/\/stackdamage.com.ar\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/Untitled-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-266\" srcset=\"https:\/\/stackdamage.com.ar\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/Untitled-1.jpg 762w, https:\/\/stackdamage.com.ar\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/Untitled-1-300x169.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 762px) 100vw, 762px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de enterrar a la mujer, el sargento mayor Grigory Nikitovich Silvestrov volvi\u00f3 a meterse en el tanque. Estaban en medio de un campo que hab\u00eda servido de sustento para el pueblo de Kapustov durante generaciones, pero los continuos bombardeos lo hab\u00edan dejado improductivo. El propio pueblo era una ruina, y Grisha supon\u00eda que la mujer hab\u00eda sido su \u00faltima habitante. La hab\u00eda encontrado acurrucada junto a dos ramas cruzadas que marcaban una tumba. Por el \u00e1rea de tierra revuelta, deb\u00eda tratarse de una fosa com\u00fan excavada recientemente. Salvo poner las ramas, la mujer no podr\u00eda haberla preparado sola antes de morir. Seguramente hab\u00edan sido los alemanes, y ella hab\u00eda llegado despu\u00e9s, para ver si sus hijos segu\u00edan con vida cuando dej\u00f3 de escuchar explosiones, motores y balas y solamente el viento. Estaba fam\u00e9lica, con los huesos marcados y las ropas arruinadas. Todo aquello le di\u00f3 a Grisha much\u00edsima hambre. Fue a buscar una lata de sopa concentrada de arvejas y se acomod\u00f3 para comer en uno de los recovecos del tanque. El modelo T-35 era muy grande, pero era casi todo blindaje y ten\u00eda muy poco espacio en el interior. Por el momento no iba a ir a ning\u00fan lado. La transmisi\u00f3n hab\u00eda fallado como tantas otras veces y hac\u00eda tiempo que los soldados Arseni Filippovich y Pavel Valentinovich se hab\u00edan marchado a pie a buscar un mec\u00e1nico o un repuesto o algo. Poco ten\u00eda Grisha para hacer salvo enterrar a los muertos y comer sopa concentrada de arvejas y esperar. Ocasionalmente o\u00eda pasar un avi\u00f3n, pero no ten\u00eda manera de saber si era aliado o enemigo o como iba la guerra. <\/p>\n\n\n\n<p>Se qued\u00f3 dormido en una posici\u00f3n inc\u00f3moda y al despertar se sinti\u00f3 entumecido y adolorido. Decidi\u00f3 salir a caminar por el pueblo, con la vaga esperanza de encontrar algo para comer que no fueran sus \u00faltimas raciones de arvejas. Quiz\u00e1s un embutido preservado en alg\u00fan s\u00f3tano o una lata de bizcochos. Se arrastr\u00f3 por la escotilla y baj\u00f3 del tanque con dificultad. No hab\u00eda nubes en el cielo y nada en el horizonte salvo el color gris y las ruinas de Kapustov. Los \u00fanicos sonidos eran el viento, las pisadas de sus botas en el camino de tierra y la fricci\u00f3n de su rifle contra el uniforme. <\/p>\n\n\n\n<p>Antes de ser destruido, en el pueblo habr\u00edan vivido unas mil personas. No hab\u00eda edificio que no tuviera agujeros de bala o boquetes de artiller\u00eda. Andando por las calles, la esperanza de encontrar algo para comer se desvaneci\u00f3 muy pronto. Era evidente que los alemanes se hab\u00edan llevado todo lo que pudieron cargar y m\u00e1s tambi\u00e9n. Al caer la tarde, cuando Grisha se dispon\u00eda a volver por donde hab\u00eda venido, escuch\u00f3 un rumor en una de las casas destruidas y al acercarse con la mano en el rifle, ese rumor se transform\u00f3 en un gemido y luego en un llanto. Entr\u00f3 por un enorme agujero en la pared y la vio, de rodillas junto a varios muebles rotos. Era id\u00e9ntica a la mujer que hab\u00eda enterrado el d\u00eda anterior, pero seguro que todas las campesinas fam\u00e9licas y harapientas se parec\u00edan entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>-Se\u00f1ora, \u00bfSe encuentra herida? -pregunt\u00f3 Grisha.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella levant\u00f3 la cabeza y lo mir\u00f3 con unos ojos verdes gigantes, llenos de l\u00e1grimas. A Grisha le parecieron como dos tanques bajo la lluvia. No pod\u00eda moverse y ella no lo hizo tampoco. Finalmente, la mujer habl\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfNikolai? -dijo-. \u00bfNikolai eres tu?<\/p>\n\n\n\n<p>Grisha no dijo nada. Se acerc\u00f3 un poco y la mujer sonri\u00f3, se puso de pie y se le arroj\u00f3 encima. Lo abrazaba repitiendo aquel nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Nikolai! \u00a1Nikolai \u00a1Nikolai! \u00a1Nikolai has vuelto! -lo bes\u00f3, se apart\u00f3 un poco y lo mir\u00f3 de cerca, sec\u00e1ndose los ojos con las mu\u00f1ecas-. Que flaco que est\u00e1s, debes estar muri\u00e9ndote de hambre. Te preparar\u00e9 una gran cena, como en los viejos tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sali\u00f3 de la casa corriendo como una loca y Grisha se qued\u00f3 parado, sin saber qu\u00e9 hacer. Pero cuando ella apareci\u00f3 con hermosos pedazos de carne salada y papas y cebollas y zanahorias, todo en paquetes armados cuidadosamente, supo que no iba a poder negarse a nada. Si ella quer\u00eda que fuese Nikolai, ser\u00eda Nikolai todo lo que quisiese. <\/p>\n\n\n\n<p>-Ten\u00eda esto escondido -le dijo-. Lo junt\u00e9 a lo largo de los meses que estuviste fuera, bien escondido para t\u00ed, para cuando volvieras del frente. Cu\u00e9ntame, eh. Cu\u00e9ntame todo lo que viste, los lugares donde estuviste. \u00a1Ay! \u00a1El vodka!<\/p>\n\n\n\n<p>Otra vez se fue corriendo. Para hacer algo, Grisha se puso a acomodar los muebles ca\u00eddos. Levant\u00f3 la mesa. Despej\u00f3 escombros. Cuando la mujer volvi\u00f3 con la botella de vodka, lo encontr\u00f3 tratando de reparar una silla rota. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>-Ay Nikolai, t\u00fa siempre tan laborioso. Vas a necesitar clavos o pegamento, \u00bfVerdad? He conservado todo en el cobertizo, igual que como lo dejaste. Toma un trago para calentarte el cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Grisha le contest\u00f3 con un monos\u00edlabo, acept\u00f3 el trago y fue a buscar el cobertizo. Encontr\u00f3 sus ruinas chamuscadas y podridas. Junt\u00f3 algunos alambres retorcidos y oxidados y supuso que podr\u00eda hacer algo con eso. Mientras tanto, la mujer encend\u00eda un horno de le\u00f1a con los muebles que eran insalvables. Cocinaba y le preguntaba cosas de la guerra. Grisha tomaba vodka, reparaba como pod\u00eda los muebles y le contaba de su propia experiencia como tanquista. No quer\u00eda mentirle demasiado y asumi\u00f3 que ella no sabr\u00eda exactamente donde hab\u00eda servido el tal Nikolai. Adem\u00e1s nunca hab\u00eda sido bueno inventando historias. Ella lo escuchaba con atenci\u00f3n, y hac\u00eda muchas preguntas. Y luego, mientras com\u00edan el maravilloso guiso con avidez, uno frente al otro, Grisha se dio cuenta que no pod\u00eda dar cuenta de que edad tendr\u00eda la mujer. Parec\u00eda bastante mayor que \u00e9l, pero eso pod\u00eda ser un efecto de la guerra. En realidad pod\u00eda ser muy joven. Le hab\u00eda dado un beso, pero eso no significaba nada en un pueblo de campo. Pod\u00eda ser la esposa de Nikolai, pero tambi\u00e9n su hermana o incluso su madre. Cuando terminaron ten\u00edan mucho sue\u00f1o, y ella le mostr\u00f3 una cama que hab\u00eda hecho con mantas viejas y deshilachadas, como un nido de p\u00e1jaro. Lo abraz\u00f3 y Grisha tuvo un ataque de culpa. Estaba a punto de confesarle que no era Nikolai, pero se dio cuenta que la mujer se hab\u00eda quedado dormida al instante. \u00c9l no tard\u00f3 en seguirla.<\/p>\n\n\n\n<p>Al otro d\u00eda se despert\u00f3 solo, y pens\u00f3 que todo hab\u00eda sido una alucinaci\u00f3n. Luego sinti\u00f3 el olor a comida proveniente de la cocina y la mujer estaba all\u00ed, haciendo el desayuno. Le dio los buenos d\u00edas y comieron juntos. Cuando terminaron, Grisha anunci\u00f3 que iba a salir del pueblo, a donde estaba el T-35. No iba a abandonarla, necesitaba dejarle un mensaje a sus compa\u00f1eros para cuando volvieran a buscarlo all\u00ed y no lo encontraran. Ella le dio unos bizcochos para el camino, que sac\u00f3 de una lata cubierta de tierra. Parec\u00edan en buen estado. Cuando perdi\u00f3 de vista la casa arruinada, Grisha se pregunt\u00f3 de d\u00f3nde sacaba aquella mujer tanta comida y que har\u00edan una vez que se acabara y sus camaradas no volv\u00edan. O si llegaba a entrar en raz\u00f3n y se daba cuenta que \u00e9l no era Nikolai sino Grigory Nikitovich. Otra vez sinti\u00f3 culpa. Se dijo que esta vez s\u00ed le confesar\u00eda la verdad y enfrentar\u00eda cualquier consecuencia, pero se olvid\u00f3 de eso cuando acerc\u00e1ndose al tanque divis\u00f3 un grupo de perros salvajes que hab\u00edan desenterrado algunos cuerpos de la fosa com\u00fan, y se disputaban sus partes. Grisha les grit\u00f3 para espantarlos, pero como no le hac\u00edan caso se vio obligado a disparar al aire. Los perros salieron corriendo y \u00e9l se acerc\u00f3 a examinar los restos de su banquete. Estaban en muy mal estado, y el olor casi lo hizo vomitar. A\u00fan as\u00ed se meti\u00f3 en el tanque a buscar su pala, y de paso anot\u00f3 en una libreta que se hab\u00eda refugiado en el pueblo y la coloc\u00f3 de tal forma que fuera lo primero que uno viera cuando entraba por la escotilla. Tard\u00f3 dos horas en enterrar el desastre de los perros. No pod\u00eda dejar a los muertos tirados, as\u00ed como as\u00ed. Mientras volv\u00eda, cargando la pala y sin apetito para liquidar los bizcochos que le quedaban, pens\u00f3 en la futilidad de lo que hab\u00eda hecho, pues sin duda los perros seguir\u00edan por ah\u00ed y volver\u00edan apenas \u00e9l se alejara. No se le ocurri\u00f3 c\u00f3mo pod\u00eda hacer para evitarlo. Al acercarse a la casa se dio cuenta que la mujer (a\u00fan no sab\u00eda su nombre y no pod\u00eda preguntarle) hab\u00eda estado muy ocupada preparandose para su retorno. Sinti\u00f3 el aroma de a\u00fan m\u00e1s carne guisada para la cena. Nuevamente quedaron dormidos casi al instante, uno junto al otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente se despert\u00f3 enfermo. La frente le quemaba y le dol\u00eda todo el cuerpo. No quer\u00eda probar bocado pero la mujer insist\u00eda, quer\u00eda meterle comida por las orejas. Dec\u00eda que le dar\u00eda fuerzas para recuperarse. Las verduras se hab\u00edan acabado, pero parec\u00eda que la mujer ten\u00eda acceso a un frigor\u00edfico entero. La carne era infinita. Ella se encontraba perfectamente, Grisha deb\u00eda haberse pegado una peste mientras enterraba a los muertos. Tendr\u00eda que haberlos dejado a merced de los perros, que le importaba. Ellos tambi\u00e9n necesitaban comer.<\/p>\n\n\n\n<p>Estuvo postrado todo el d\u00eda, vomitando ocasionalmente, y al anochecer pens\u00f3 que se iba a morir. So\u00f1aba que los perros salvajes lo desenterraban, que le arrancaban las piernas y se las com\u00edan. La mujer lo atend\u00eda, lo alimentaba, le daba vodka, le dec\u00eda pobre Nikolai, y \u00e9l alucinaba. Ahora era ella la que lo desenterraba y le arrancaba las piernas, pero se las daba a \u00e9l para comer. Come Nikolai, esto te dar\u00e1 fuerzas. Nos iremos a vivir lejos de la guerra, a un campo f\u00e9rtil. Tendremos una huerta de tomates y criaremos vacas. Y caballos. Siempre te gustaron los caballos, Nikolai. No me llamo Nikolai. Tendr\u00e1s los hijos que siempre quisiste y envejeceremos juntos. Que no soy Nikolai, me llamo Grisha. \u00bfQu\u00e9 dices Nikolai? \u00bfQui\u00e9n es Grisha? Yo, Grigory. Sargento mayor Grigory Nikitovich Silvestrov, del hexag\u00e9simo s\u00e9ptimo regimiento de la divisi\u00f3n acorazada treinta y cuatro del octavo cuerpo mecanizado con base en Kiev. \u00bfKiev? Est\u00e1s alucinando por la fiebre Nikolai. \u00a1No soy Nikolai! \u00a1Nikolai debe estar muerto! \u00a1Reventado en mil pedazos o enterrado en alguna parte! \u00a1Comido por los perros! \u00a1Yo soy otra persona! \u00bfQu\u00e9 otra persona? \u00a1Yo! \u00a1Grigory!<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando Grisha despert\u00f3 en su lecho improvisado, varios d\u00edas despu\u00e9s, no era la mujer la que lo miraba desde arriba con sus enormes ojos verdes si no sus compa\u00f1eros de tanque, Arseni Filippovich y Pavel Valentinovich. Les pidi\u00f3 agua y le dieron de beber de una cantimplora. Le contaron sus aventuras, que estuvieron prisioneros de los alemanes, pero que el General Vasilevski los hab\u00eda hecho huir al otro lado del Dni\u00e9per y los hab\u00eda liberado. Y entonces lo primero que hicieron fue pedir que los dejaran venir a buscarlo. Que susto que tuvieron cuando encontraron al tanque rodeado de cad\u00e1veres desenterrados y mutilados, pero que alivio al encontrar la nota que los gui\u00f3 hasta la casa. <\/p>\n\n\n\n<p>-Esos malditos perros -dijo Grisha-. No dejan descansar a nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>-A nadie -dijo Pavel Valentinovich-. Ni siquiera a las mujeres y a los ni\u00f1os.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de enterrar a la mujer, el sargento mayor Grigory Nikitovich Silvestrov volvi\u00f3 a meterse en el tanque. Estaban en medio de un campo que hab\u00eda servido de sustento para el pueblo de Kapustov durante generaciones, pero los continuos bombardeos lo hab\u00edan dejado improductivo. 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